Lo dificill de la ausencia.
No, esto no trata de la perdida de un ser amado, de un amigo o de alguien que antes estuvo y ahora ya no está. Es más bien sobre la perdida de uno mismo. En ocasiones pasa sin que nos demos cuenta, con cada amanecer vamos olvidando un fragmento de nosotros mismos. Puede adjudicarse a la vida misma, a las actividades diarias. También a que volvemos a una persona nuestro centro y nuestro mundo. Comenzamos a pensar en el bienestar de alguien más antes que en el de nosotros mismos... Es de esto de lo que rata este relato corto, de cuando nos percatamos de que nos hemos perdido en un mar de voces. Tanto que ya no reconocemos nuestra propia voz. Cuando escuchamos esas voces insidiosas que nos obligan a desaparecer o que nos hacen desaparecer para no opacar el brillo de alguien más. Lo difícil no es darse cuanta de que nos hemos perdido, hay miles de señales a las que no les ponemos atención. Lo que afecta es que nos damos cuenta de que no hemos estado allí para nosotros mismos. Aquí es donde radica lo más complicado, el despertar de ese profundo coma en el que nos sumergimos. Retomar las riendas de nuestra propia vida, nuestras actividades y sueños. Romper con esas cadenas que nos impusimos. Aunado a todo lo que abandonamos a largo de este castigo auto impuesto, estamos siendo crueles con nosotros mismos.
Recuperarse, despertar, salir... o importa la palabra que se escoja. Pero, volver toma tiempo, toma energía l, toma ganas y sobre todo valor. En algunas ocasiones el ver los resultados que buscamos es tan lento como el andar de los días. La única manera en que esto suceda es no rendirse, volver a una vida después de años de ausencia es el acto de valor y amor propio más hermoso que podemos hacer por nosotros mismos.

Comentarios
Publicar un comentario